Tomarte de la mano y saltar todos los charcos que surjan en el camino. Sin buscarle sentido, razón alguna: dejándonos llevar por nuestros ojos, nuestros pasos, nuestros besos.
Es mirar en aquellas direcciones que quedaron al otro lado de la esquina.
Sucede que: es aprender a buscarnos y encontrarnos como esa media sonrisa que ahora tiene la luna.
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